Las Yeguas del Apocalipsis: Pedro Lemebel y Francisco Casas

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QUE NO MUERA EL SEXO BAJO EL PUENTE

Mi niño querido:

En este país salchicha donde todo se transa a espaldas de la mirada peatonal, en este invierno venenoso; la vieja sorda, el cojo jubilado, el trafic de FEAVISTA, el paco preso, el peso para el cigarro, la Alameda ALAMEDA… caminando solas, yeguas-chilean, maricovento del Pancho-Pedro, colizas del arte buscando una patria, un rincón de machos para brindar por Sodoma, la gran puta, SODOMA-MIA, la perseguida… SAN CAMILA-MONAMOUR, maricones forever, el derecho por el chico, el culo estandarte, el culo panfleto, los fletos y el “pan, trabajo, justicia y libertad”… Ahora que todo cambia, nosotros, las muñecas trágicas nos hacemos PATAS-MALAS, le jugamos al tiempo, damos la cara y decimos “HOMOSEXUALES UN PROYECTO”, una vereda para el travesti, un trazo de río, una jubilación para las putas, aliadas incondicionales, que no muera el sexo bajo los puentes, que no prendan la luz en el cine CAPRI, asientos reclinables en los baños públicos… Filo con el under, cuicos que pagan quinientos pesos en MATACAMAS, con eyaculación precoz, cantando “PERROS GAY”, estos chicos que no son duros más bien son chicos con problemas y que dicen “VAMOS JUNTOS” y es una mentira porque ahora no vamos juntos a ninguna parte. Las tribus se manejan solas; los gitanos, el lumpen, los maracos, los apestosos jipis-pijes de SAN ALFONSO, los sudacas, el mino PUNKY que me comí una noche, el frente PATRIOTICO (del frente) únicos cojones libertarios, en fin (suspiro)… CHILITO-BOLAS, sopa de náufrago, virgencita del neoprén… CHILITO-HUECO, apaleado travesti en la visita del PAPA, sucio lana traficando a ALLENDE bajo las lacrimógenas… CHILITO-ROJO que nos echaron del VIVA LA GENTE.

¡En el partido no hay maricones!, nos gritaron casi con miedo, dos homosexuales contra un estadio, queríamos ganar un manifiesto a los TRIBUNOS MAIRA y VOLODIA, la guardia pretoriana casi nos hace puré de yeguas, el lienzo que no pudimos abrir decía “HOMOSEXUALES POR EL CAMBIO” como YEGUAS TROYKAS y no tenía ninguna falta ORTOgráfica, pero no entendieron… ¿cachay?

 Revista Trauko #16. Agosto de 1989.

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Biografía Yeguas del Apocalipsis

El colectivo artístico Yeguas del Apocalipsis fue conformado por Pedro Mardones Lemebel (1952-2015) y Francisco Casas Silva (1959) en Santiago de Chile entre los años 1987 y 1997. El colectivo nace y se desarrolla a partir de los últimos años de la dictadura militar y durante los primeros años de la postdictadura en el contexto de la “transición democrática” chilena. Su trabajo puede ser inscrito en las intersecciones entre el campo político opositor a la dictadura y el campo cultural no oficial. Por un lado, el trabajo de las Yeguas del Apocalipsis interpelaba a las agitaciones civiles y los movimientos de resistencia que se movilizaron para oponerse al régimen militar. A su vez, en el ámbito artístico, establecieron una filiación desacralizante respecto a la impronta conceptual de las prácticas y discursos de Escena de Avanzada [1] y a su vez, transitaron por una escena “underground” que buscaba sistemas alternativos de producción y circulación.

En medio de este contexto, Lemebel y Casas formaron un colectivo interdisciplinario que tomando como principal eje el trabajo con el cuerpo, experimentó con diferentes recursos estéticos: instalación, escenificación, fotografía, video e intervenciones. Algunos de los rasgos de la obra de las Yeguas del Apocalispsis como el énfasis en el cuerpo como soporte de expresión, el carácter de acontecimiento de sus intervenciones y el desplazamiento de sus acciones hacia el espacio extra institucional del arte, permiten leer su trabajo desde las claves conceptuales que ofrece la categoría de “performance”. Sin embargo, resulta importante señalar que según el testimonio de los propios artistas y tal como se puede confirmar en los documentos de época, en el momento en que realizan sus intervenciones, Lemebel y Casas no tenían como referencia el arte del performance ni utilizaron esa categoría para definir su propio trabajo.

Las Yeguas del Apocalipsis sostuvieron una la postura crítica frente al sistema de legitimidad propio de la institución artística y a su modelo de comportamiento de campo. Lemebel y Casas renegaban de las políticas de registro sistemáticas y de las formas de exhibición tradicionales del campo artístico y se distanciaron de manera crítica de los espacios oficiales de circulación y de los ejercicios formalistas del arte. Dicha estrategia táctica les permitió trabajar en las fronteras entre el arte y la sociedad. Por otra parte, el trabajo de las Yeguas del Apocalipsis no quedó inscrito en los relatos del arte del período. Antes bien, las acciones de Lemebel y Casas han perdurado en el rumor, o bien, en relatos fragmentarios de su trayectoria, que han generado desinformación sobre las fechas y los lugares de sus acciones, tendiendo a contribuir a la mitificación del colectivo.

A su vez, Lemebel y Casas propusieron una la postura disidente frente a las fórmulas orgánicas de la “militancia homosexual”, centrada en la demanda de derechos y reconocimiento, promoviendo un discurso que apelaba a un cruce entre política de izquierdas y políticas del deseo, entre la denuncia de la violencia dictatorial y la crisis del VIH-sida.

Las Yeguas del Apocalipsis escenificaron un imaginario del desacato, articulando la denuncia en un lenguaje marginal y criticando las relaciones asimétricas de poder y a su red de aparatos represivos. Lemebel y Casas seleccionaron los espacios y fechas de cada intervención, según su valor simbólico y según la contingencia nacional pues sus trabajos estaban determinados por la acción urgente, la irrupción y la polémica.

1988 / Coronación de Espinas

El 22 de octubre de 1988 las Yeguas del Apocalipsis eligieron como espacio de intervención la “Casa Museo: la Chascona” (la casa de Pablo Neruda ubicada en el Barrio Bellavista). En este lugar se estaba celebrando la entrega del “Premio Pablo Neruda” al poeta chileno Raúl Zurita [1]. Al final de la ceremonia, como una estrategia político-cultural de provocación y seducción hacia el campo artístico-literario, las Yeguas del Apocalipsis realizaron una simbólica Coronación de Espinas al poeta. Se trataba de un gesto que aludía a figura religiosa de la coronación de Cristo, señalizando de esa manera el contenido «cristiano» implícito en la obra del poeta. El diario La Época cubrió el evento, publicando una fotografía de Raúl Zurita con la corona de espinas y registrando la voz de Lemebel y Casas adjudicándose la acción, poniendo a circular de esa manera por primera vez el nombre “Yeguas del Apocalipsis”.

Registro: Diario La Época.

1988 / A Media Asta

Una de las primeras intervenciones de las Yeguas del Apocalipsis tuvo lugar a fines del año 1988 aún bajo dictadura, durante el lanzamiento del libro A Media Asta, de la poeta chilena Carmen Berenguer en la Feria del Libro de Santiago celebrada en el Parque Forestal frente al Museo de Arte Contemporáneo. Lemebel y Casas construyen con sus propios cuerpos y a través de la vestimenta, una bandera de Chile. Pedro Lemebel vestía completamente de rojo y Francisco Casas  de pantalón blanco y camiseta azul, con una estrella bordada en el pecho y otra en la espalda. Ambos caminaron descalzos, tomados de la mano y arrastrando un velo negro en señal de luto.

Registro: Pedro Marinello.

1988 / Refundación de la Universidad de Chile

Todavía bajo dictadura y en el marco de una toma realizada por los estudiantes de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile, las Yeguas del Apocalipsis ingresaron al campus Juan Gómez Millas por la calle Las Encinas, desnudos y montados en una yegua junto a las poetas Carmen Berenguer (quien llevaba las riendas de la yegua), Carolina Jerez y Nadia Prado (quien tocaba la flauta). Utilizando el recurso del desnudo Lemebel y Casas parodian y erotizan la iconografía viril del militar/conquistador y hacen una referencia a la homosexualidad masculina. Según el testimonio de Francisco Casas la acción hacía una cita tanto a Pedro de Valdivia, el fundador de la ciudad de Santiago, como a la leyenda de Lady Godiva y fue pensada como un reclamo del ingreso de las minorías a la Universidad. Así, esta intervención fue titulada la Refundación de la Universidad de Chile.

Registro: Ulises Nilo.

1989 / ¿De qué se ríe presidente?

En el contexto de los debates en torno a la “transición democrática” las Yeguas del Apocalipsis llevan la homosexualidad como consigna a un espacio político, haciendo explícita la dimensión activista y militante de su trabajo. En agosto de 1989 Lemebel y Casas, intervinieron un acto que tenía lugar en el Teatro Cariola [1] en el que se presentaban las políticas culturales que el gobierno de Patricio Aylwin promovería en su futuro gobierno. El encuentro con el candidato a la presidencia de los partidos de la Concertación en el contexto de la “transición” democrática en Chile, se tituló “Encuentro de Aylwin con los Artistas”. Entre los asistentes se encontraban importantes políticos e intelectuales del país, entre ellos: Carlos Martínez Sotomayor, Enrique Silva Cimma, Ricardo Lagos, Nemesio Antúnez y Radomiro Tomic. Las Yeguas del Apocalipsis travestidos de abrigos, tacos y corsé se subieron al escenario totalmente fuera de programa. Interrumpieron el discurso de la actriz y premio nacional Ana González y desplegaron un lienzo con la consigna: “HOMOSEXUALES POR EL CAMBIO”[2].

Registro: Eduardo Ramírez.

1989 / La Conquista de América

El 12 de octubre de 1989, fecha en la cual se conmemora el «día de la raza» en los países  hispanoamericanos en referencia a las víctimas de la colonización española, las Yeguas del Apocalipsis realizaron una intervención en la Comisión Chilena de los Derechos Humanos titulada, justamente, La Conquista de América. Lemebel y Casas vestidos con pantalones negros, a pies descalzos y torso desnudo (sobre el que tenían adherido un personal estéreo) bailaron una cueca sobre un mapa de América del Sur, que a su vez había sido cubierto con vidrios rotos de botellas de coca-cola. Trazando un paralelo entre el proceso colonial de la “Conquista” y el soporte que imperialismo norteamericano habría brindado a los gobiernos militares latinoamericanos, el objeto de la performance era la denuncia de las matanzas que las distintas dictaduras del cono sur ejecutaron en sus respectivos territorios y aludía especialmente a la situación de Chile bajo la dictadura militar. En efecto, el colectivo citaba la «cueca sola», acto simbólico de apropiación del baile nacional por las madres, esposas e hijas de detenidos desaparecidos, quienes al bailar solas representaban la ausencia de sus familiares varones.

Registro: Paz Errázuriz.

1989 / Lo que el SIDA se llevó

En noviembre de 1989, las Yeguas del Apocalipsis fueron invitados por el Instituto Chileno-Francés de Cultura, a participar en un evento que reunía a diversos artistas, titulado “Intervenciones Plásticas en el Paisaje Urbano”[1]. Su propuesta consistió en una instalación emplazada en la sede del Instituto Chileno-Francés ubicado en calle Merced, titulada Lo que el Sida se llevó. En el lugar se montó la exposición de una serie de 30 fotografías escenificadas de las Yeguas del Apocalipsis. El material fue previamente capturado y seleccionado por el fotógrafo chileno Mario Vivado. Durante la sesión fotográfica, las poses de Lemebel y Casas fueron supervisadas por la bailarina Magaly Rivano, y representaron un homenaje a distintas figuras de la cultura como Marilyn Monroe, Buster Keaton y las hermanas de la obra “La Casa de Bernarda Alba” de Federico García Lorca, entre otras. Las Yeguas del Apocalipsis experimentaron travestidos con prendas del mercado persa y de amigas travestis (algunas de ellas víctimas del SIDA), prendas cuyo corte estético recordaba el glamour de las divas hollywoodenses del golden age. El vestuario también formó parte de la instalación, exhibido junto a las fotografías escenificadas.

Registro: Mario Vivado.

D21 Proyectos de Arte

La muestra Lo que el SIDA se llevó: Yeguas del Apocalipsis en la galería D21 Proyectos de Arte, el año 2011 que contó con copias inéditas de la serie fotográfica de 1989.

Con ese nombre de marquesina  marchita, Las Yeguas del Apocalipsis nos juntamos con el fotógrafo Mario Vivado en 1989 para realizar un álbum de poses, besos de matinée y muecas divinizadas por la luz azulosa del estudio fotográfico. Recién estrenábamos el nombre en la tarima del arte, y la foto retrato era un espejo para blindarse la fachada con el estuco barato de nuestro social popular. La dictadura agonizaba en pos de un futuro democrático. Vientos de augurio nos alzaban las polleras travestis esa noche cuando las yeguas entramos al cinemascope descalzas y con una pluma gorriona en el escote. La pies dorados, como el personaje de la novela, me repetía la Pancha envolviéndome el torso destetado en celofán metálico, hasta hacerme perder el aliento y desfallecer en el ahogo sidático para la cámara. Total no estamos contagiadas aun, y podemos augurar que nunca lo estaremos, decía escupiendo al cielo la yegua azufrosa. El set era pálido cuando salió la luna y pusimos cara de nomeolvides para el click fotogénico. Pero no era la luna, solo un foco más del escenario penitencial donde se trizaban espejos y copas mientras afuera, en la calle de ese Santiago milico, el sida  arreciaba en los suburbios del travestismo callejero. Entonces, en un ángulo del enfoque, algún adiós ironizaba el desplante de ponerse trapos de mujer antigua recolectada en los mercados persas. Ropas de los años cuarenta, cincuenta, sesenta; trapos tristes heredados del splendor materno, de una juventud materna, de un duelo materno, de alguna niñez materna. Splendor veneziano de carnaval luctuoso. Splendor de playa y verano pobre; el mar o aquel barquito a la deriva y la muñeca calva y fea que se pinta de linda para el lente que la enfoca deshojándole el cuore. Todas las madres en el aura vaporosa de esas fotos parecen actrices de cine. Te lo dije, te lo advertí, decían ellas, y nosotras yeguas ninfas, potras en celo, arrancándonos al estudio de aquel fotógrafo que nos prometía fama Monroe cuando apretaba el obturador y nosotras interpretábamos el film de la plaga homo sexi para todo público. Te lo digo, te lo advierto, Camelia, nos decían, pero igual partíamos las dos primas babosas de hollywodesco carmesí, y en cada flashazo, estallaban llamaradas de mambo y burlesque. Ay mama Inés, que bellas fuimos esa noche, y jamás repetiríamos el acierto de parecer divinas muñecas de callejón portuario. Era el fantasma del sida, lo que hacía embellecer la cascarria pioja de aquella flacura proletaria. Sin duda que también era el ansia de saltar fronteras, brincar territorios, cruzar modas, meterse en la película del arte o salir de la película del arte embetunadas de luto patrio. Fue así, y así se nos ocurrió. Llegamos con lo puesto a la escena plástica, caminando con garbo patuleco, y preñadas de utopías rabiosas en la madrugada de lacre albor. Sin duda, la plaga pintaba de Apocalipsis la huella embarrada del tul.  Era aquel pájaro de raso negro que opacaba las risas y nos dejaba lindas pero tristes despidiendo a las amigas colas en aquel muelle contagiado de naufragio. Ahora, después de veinte años, las fotos tienen, una rara inocencia que nos retrata sobrevivientes de la peste en brumosa claridad. Casi se podría decir que la película no terminó muy bien, pero las yeguas salieron glamorosas del cine abanicándose con un carnet de baile en el arte latinoamericano.

Pedro Lemebel

 1989 / Estrellada

La participación de las Yeguas del Apocalipsis en el programa de “Intervenciones Plásticas en el Paisaje Urbano”[1] del Instituto Chileno-Francés de Cultura, concluye con una  intervención de Lemebel y Casas en la calle San Camilo (centro activo de comercio sexual travesti de Santiago) que se realizó el 25 de noviembre de 1989. Utilizando focos de luz que remitían a un set cinematográfico, las Yeguas del Apocalipsis se presentaron semidesnudos, pintados de blanco con figuras negras dibujadas en el cuerpo y comenzaron a trazar estrellas fosforescentes en el pavimento en negativo y positivo, ambientando la calle al estilo walk of fame hollywoodense. Simultáneamente, proyectaron diapositivas de la sesión fotográfica Lo que el SIDA se llevó desde la ventana de uno de los prostíbulos. La intervención se realizó con la colaboración de Gloria Camiruaga quien además realizó un registro en video de la acción. Según constata una nota de prensa de la época (Brescia, 1989), la fecha de la intervención coincidió con el día del cumpleaños del general Augusto Pinochet, por lo que esa noche el Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) produjo un apagón general de la ciudad, lo que le otorgó aún más brillo y glamour a las fosforescentes estrellas.

Registro: Gloria Camiruaga.

1989 / La Última Cena de San Camilo

A fines de 1989 las Yeguas del Apocalipsis visitaron durante varias semanas la calle San Camilo, un conocido centro de comercio sexual de la ciudad, con la intención de realizar una intervención junto a las travestis del lugar. Años más tarde en una de sus crónicas Pedro Lemebel describe la Calle San Camilo como un perdido reducto del travestismo prostibular que desaparecía en Santiago, haciendo referencia así, al VIH-sida que afectó irreversiblemente a la población prostibular. En ese contexto, las Yeguas del Apocalipsis realizaron una escenificación del cuadro La Última Cena de Leonardo da Vinci, inspirados en un tapiz de corte kitsch, que colgaba en el comedor del prostíbulo. Se trataba de una versión travestida de los apóstoles y de la figura de Cristo, representada por “la Doctora” (regenta del prostíbulo). Esta última, dirigiendo la escena anuncia: “Esta es la última cena, la última cena de este gobierno. Este es mi cuerpo, esta es mi sangre”, repartiendo el vino y el pan entre los apóstoles travestidos. La performance terminó en una celebración con vino y baile, y con la interpretación de Francisco Casas de una versión del tango de Libertad Lamarque: “Malena canta el tango”. La escenificación de la Última Cena fue registrada por la artista audiovisual Gloria Camiruaga y por la fotógrafa Leonora Calderón, quienes posteriormente produjeron y editaron el video-arte titulado Casa Particular.

Registro: Gloria Camiruaga / Leonora Calderón.

1989 / Casa Particular

En colaboración con la artista y videasta Gloria Camiruaga, las Yeguas del Apocalipsis realizan el video-arte Casa Particular, que corresponde al registro de varias visitas realizadas a uno de los prostíbulos travestis de la calle San Camilo. El registro incluyó testimonios de las trabajadoras sexuales en la casa, en bares y locaciones cercanas. Uno de los testimonios del video fue el de “la Madona” (travesti del prostíbulo) quien reveló a la cámara, en el baño del prostíbulo, el truco del “candado chino”. En una de sus crónicas recopiladas en Loco Afán (1996), Pedro Lemebel se refiere a este artificio travesti: “el candado chino del mundo travesti, que simula una vagina echándose el racimo (pene y testículos) para atrás. Una cirugía artesanal que a simple vista convence, que pasa por la timidez femenina de los muslos apretados”. La edición final del video-arte incluyó el registro de la performance La Última Cena de las Yeguas del Apocalipsis y la interpretación de Francisco Casas de “Malena canta un tango” (tema original de Libertad Lamarque). Esta producción fue exhibida un año más tarde, en la sección “Video Arte” de la exposición “Museo Abierto”, la primera gran exhibición colectiva realizada en el Museo Nacional de Bellas Artes durante la apertura democrática. El material generó una polémica en el público de la exposición [1], que presionó por la censura y el retiro del video de la sala de exhibición.

Registro: Gloria Camiruaga / Leonora Calderón.

1989 / Las Dos Fridas (Fotografía)

Las Dos Fridas es la escenificación travestida del cuadro “Las Dos Fridas” (1939) de la artista mexicana Frida Kahlo, que surgió originalmente como una sesión de fotografías en blanco y negro realizada en el estudio del fotógrafo Pedro Marinello a fines del año 1989. En la escenificación fotográfica la posición de las Yeguas del Apocalipsis aparece invertida en relación al cuadro original. Lemebel a la derecha con un vestido típico mexicano y su corazón cerrado, mientras Casas a la izquierda con un vestido victoriano y su corazón abierto. Ambos a torso desnudo y con pintura al óleo sobre sus cuerpos, tomados de la mano y conectados por una sonda de transfusión de sangre, tal como aparece en el autorretrato de la Kahlo.

Registro: Pedro Marinello.

1990 / Las Dos Fridas (Instalación-Performance)

Las Yeguas del Apocalipsis exhibieron en julio de 1990, lo que sería su primera y única muestra individual en la Galería Bucci, ubicada en calle Huérfanos en el centro de Santiago. Durante la inauguración de la exposición titulada “Las Dos Fridas”, Lemebel y Casas permanecieron sentados por más de tres horas escenificando el cuadro homónimo de Frida Kahlo. Ambos maquillados, a torso desnudo, con pintura al óleo en el pecho y tomados de la mano. La puesta en escena se llevaba a cabo tras una cortina de plástico en el que se proyectaba el cuadro original de Frida Kahlo. La imagen fotográfica registrada por Pedro Marinello, se exhibió en formato de postal (diseñada por el artista Carlos Altamirano) para que el público pudiera llevársela La escenificación fotográfica de “Las Dos Fridas” y su posterior puesta en escena en el espacio de la Galería Bucci, constituyen una de las obras más conocidas y emblemáticas de las Yeguas del Apocalipsis.

Registro: Ulises Nilo.

1990 / “Cuerpos Contingentes”

En su afán por irrumpir en la escena cultural, las Yeguas del Apocalipsis intervinieron la exposición Cuerpos Contingentes[1]en la Galería de Arte CESoc (Centro de Estudios Sociales), ubicada en calle Esmeralda del centro de Santiago. La exposición fue organizada por la artista visual Lotty Rosenfeld y la escritora Diamela Eltit. Durante la inauguración de la muestra, las Yeguas del Apocalipsis se presentan con sus cuerpos desnudos, amarrados a sillas de rueda, con alambres de púas y pajaritos disecados. Fueron conducidos por Rocío Ramos, quien estaba vestida de enfermera. De esa manera, se proponían poner en escena la encarnación del virus del VIH-sida y, a la vez, provocar a las curadoras de la muestra. La efímera acción en Cuerpos Contingentes constituye un claro ejemplo de las variadas intervenciones efímeras que las Yeguas del Apocalipsis realizaron en diversos eventos del campo cultural (especialmente en inauguraciones artísticas y lanzamientos de libros).

Registro: Leonora Calderón.

1990 / Instalamos dos pajaritos, como palomas en alambritos

Luego de la intervención realizada en la exposición Cuerpos Contingentes en la Galería de Arte CESoc (Centro de Estudios Sociales), las Yeguas del Apocalipsis desarrollaron una escenificación fotográfica titulada Instalamos dos pajaritos, como palomas en alambritos. En esta sesión realizada junto al fotógrafo Pedro Marinello, Lemebel y Casas aparecían con plumas de avestruz, maquillados y vestidos con mallas y pajaritos disecados en sus brazos y cabeza. El fotógrafo capturó al colectivo en solemnes poses y de riguroso luto. Contrastando la crudeza de la irrupción en “Cuerpos Contingentes”, la sesión fotográfica le imprimió una dimensión dramáticamente estética y simbólica al mensaje fatal del virus del VIH-sida.

Registro: Pedro Marinello.

1990 / Estrellada II

En el contexto del “Museo Abierto”, la primera gran exposición colectiva impulsada por el gobierno democrático de Patricio Aylwin, las Yeguas del Apocalipsis fueron invitadas a participar en la categoría “Instalaciones y Performances”. Sin embargo, en reacción a la censura que sufrió la obra de Gloria Camiruaga Casa Particular exhibida en la sección “Video Arte” de la misma exposición, Lemebel y Casas deciden retirarse del evento. En forma de protesta realizan Estrellada II (1990), una intervención no autorizada en el frontis del Museo Nacional de Bellas Artes de Santiago. Travestidas de Rita Hayworth y Dolores del Río, Lemebel y Casas adaptaron la intervención urbana previamente realizada en la calle San Camilo, pero esta vez dibujaron las estrellas con neoprén (pegamento inflamable) en el suelo y les prendieron fuego.

Registro: Ulises Nilo.

1991 / De la Nostalgia (o Bye Bye Normandie)

Las Yeguas del Apocalipsis realizaron un homenaje en la última función del Cine Arte Normandie en calle Tarapacá, el día 22 de septiembre de 1991. La performance se llevó a cabo durante los créditos de la proyección del film “Las aventuras del Barón Munchausen”. Tras presenciar la función con el resto del público, Lemebel y Casas se travistieron de encajes, vestidos y maquillaje para intervenir la sala. Despidieron el cine que cerraba sus puertas, llorando lágrimas artificiales inducidas y escenificando el modelo norteamericano de la industria cinematográfica y sus celebridades. Al retirarse de la sala, Pedro Lemebel y Francisco Casas orinaron sobre un par de estrellas previamente dibujadas en el suelo. Posteriormente, como si se tratara de una red carpet, abandonaron el lugar, saludando desde la parte trasera de un vehículo. La intervención, titulada De la Nostalgia[1], denunciaba la especulación inmobiliaria y la desaparición de diversos espacios culturales en Santiago.

Registro: Jorge Aceituno / Claudia Román.

1991 / Homenaje a Sebastián Acevedo

En el contexto de los primeros años del gobierno de Patricio Aylwin, las Yeguas del Apocalipsis realizan una intervención que entrecruza la memoria de la resistencia a la dictadura con la expansión del VIH-sida. En diciembre de 1991 Lemebel y Casas viajaron a Concepción, invitados por Christian Rodríguez, director del Centro de Educación y Prevención en Salud Social y Sida (CEPSS). En un aula facilitada por el centro de alumnos de la Facultad de Periodismo de la Universidad de Concepción las Yeguas del Apocalipsis realizaron la instalación Homenaje a Sebastián Acevedo, en la que utilizaron materiales mineros explotados en la zona: la cal y el carbón. Cubrieron el suelo de la sala de cal y en el fondo, dispusieron cinco monitores que transmitían el video Hospital de Pedro Lemebel. Lemebel y Casas desnudos y con el cuerpo cubierto de cal viva, se acostaron formando una línea vertical aludiendo a la forma geográfica de Chile, cuyos extremos estaban señalizados con la letra “N” (norte) sobre la pantalla de uno de los monitores (que tenía, a su vez, adherido un billete de dólar) y la “S” (sur) dibujada sobre una bolsa de cal. A través de parlantes, se transmitía la grabación de Lemebel y Casas recitando sus números de identificación nacional y el nombre de distintas localidades del país. Miguel Parra, entonces estudiante de la Escuela de Artes de la Universidad de Concepción, colaboró en la acción dibujando con carbón una línea que cruzaba los cuerpos, que posteriormente encendió. Esta instalación hacía referencia al VIH-sida y a la vez, conmemoraba la figura de Sebastián Acevedo, el trabajador minero que se inmoló el 11 de noviembre de 1983, frente a la Catedral de la Santísima Concepción, en señal de protesta por la desaparición de sus hijos detenidos por los aparatos del régimen militar.

Registro: Aun sin identificar.

1993 / Tu Dolor Dice: minado

Durante el contexto posdictatorial, las Yeguas del Apocalipsis deciden intervenir en el campo de las políticas de la memoria en relación con las víctimas del régimen militar, frente a la demanda de justicia aun vigente en el movimiento de derechos humanos. Lemebel y Casas escogen un lugar que había sido centro de operaciones de la Central Nacional de Inteligencia (CNI) durante la dictadura, y que en ese momento era un edificio de la Facultad de Periodismo de la Universidad de Chile, para leer los nombres de las víctimas identificadas en el informe de la Comisión Nacional de Verdad y Reconciliación. Este Informe, más conocido como Informe Rettig, fue publicado en 1991 y tuvo por objetivo principal establecer un registro de las violaciones a los derechos humanos cometidas durante el régimen militar en Chile. Como su título lo indica, el Informe buscaba satisfacer el establecimiento de una verdad sobre los crímenes de la dictadura, sin dar paso al enjuiciamiento de los responsables. Lemebel y Casas convocaron a conocidos y a familiares de las víctimas y leyeron a viva voz los nombres del informe, de espaldas al público, a torso desnudo y sentados frente a una cámara que transmitía sus rostros en un monitor. Instalaron 500 copas con agua en el piso del lugar y dos copas con tierra sobre la mesa. Con esta intervención, que en su título, Tu Dolor Dice: minado,  cita el canto general de Pablo Neruda las Yeguas del Apocalipsis solidarizan con la demanda de justicia de los familiares de los detenidos desaparecidos.

Registro: Paz Errázuriz.

1997 / Ejercicio de Memoria

En mayo del año 1997 las Yeguas del Apocalipsis participaron en la VI Bienal de La Habana titulada El individuo y su memoria. Lemebel y Casas decidieron aprovechar la invitación, para intervenir el espacio público. Travestidos, maquillados, con tacones altos y vestidos de negro, realizaron una conferencia performática en el patio aledaño del Centro de Arte Contemporáneo Wilfredo Lam Durante la conferencia, se proyectaba un recorrido visual por las performances del colectivo en un muro aledaño, que incluyó fotografías y algunos videos, entre ellos el registro de Homenaje a Sebastián Acevedo. Colgaron en la pared una consigna que decía: “Hablo por mi lengua, mi sexo y mi social popular”. Simultáneamente se reproducía el audio del “Manifiesto (Hablo por mi diferencia)” de Pedro Lemebel, en el que se escuchaba de fondo el e himno oficial de la Internacional Socialista.

Registro: Aún sin identificar.

[1] Richard, Nelly. 1986. Margins and Institutions. Melbourne, Australia: Art & Text.

 

 



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